

Se viaja en lancha neumática durante unos 10 minutos hasta una zona vallada destinada a la piscicultura, donde los delfines suelen alimentarse. Allí, de vez en cuando, se puede ver una aleta caudal o incluso la mitad de un delfín asomando brevemente a la superficie. Al mismo tiempo, numerosas embarcaciones operan o están amarradas en la zona, y el aire está impregnado del olor a gasolina o diésel, que los animales también tienen que soportar varias veces al día. Una experiencia bastante desagradable para nosotros. Por suerte, nuestro guía, muy joven y en buena forma, nos llevó después a unas interesantes formaciones rocosas y a una hermosa bahía, explicándonos mucho sobre ellas. Esto hizo que la excursión fuera una buena experiencia en general.
¡Una experiencia maravillosa! Vimos tres delfines e hicimos un precioso recorrido por la isla Figarolo y el cabo Figari. Vistas impresionantes; merece la pena incluso si no se ven delfines.
El recorrido es muy bonito.





